Quijotes

Le acercaron un periódico.
Leyó la primera plana.
Los ojos se le hundieron en las cuencas, los pómulos se le afilaron y extravió la mirada.
De inmediato adelgazó bajo la vestimenta blanca.
Se adivinaba famélico, aunque de gallarda talla.
Echó su mano hacia un lado, pero no halló su lanza.
Llamó gritando a Sancho, el eco le devolvió la llamada.

Se levantó taciturno.
Desencajado, recordaba sus andanzas, mientras todos los enfermos corrían en desbandada.
« Rocinante, ¿dónde andas? Amigo Sancho, dime el porqué de estas guerras, explícame qué es lo que pasa »

Desde aquel día el psiquiatra le censuró los periódicos.
El hidalgo caballero no puede tener noticias que convulsionen su alma.


© Antonia J Corrales

2 comentarios:

Juanma dijo...

No lo dice ningún informativo, ni la prensa, ni nadie. Pero una de las causas principales de esta puñetera crisis es la carencia, alarmante, de quijotes en la calle.
Un besote.

Antonia J. Corrales dijo...

Algunos somos un poco Quijotes, tal vez por eso nos tachan de locos y a veces estamos tan desubicados. Ciertamente tienes razón. Voy por mis molinos de viento...que mi escudero está apunto de llegar
Besos,
Antonia J Corrales