La voz de algunos ángeles caídos


Es probable que Luzbel no quisiera ser igual que el "creador", que no buscase la sabiduría, ni necesitase ser poseedor de ella. Tal vez, el Ángel Caído, sólo buscaba justicia. Equiparar sus derechos a los de su dios. Un dios que se erguía con la posesión de la verdad dejando de lado las miserias de sus súbditos. Totalitario, tan dictatorial que le desterró por intentar demostrarle que no estaba en posesión de la verdad. Que no se avino a escuchar sus derechos, que no quiso saber de sus penares. Un dios que sólo se amaba a sí mismo. Sin embargo, Luzbel, no supo encauzar el pleito. Cometió un defecto de forma y fue expulsado del Reino de los Cielos y enviado a la Tierra, donde los mini dioses de barro, burdas copias de la inexistencia divina, despliegan sus cetros a diestro y siniestro. Prohibiendo: desterrando, desposeyendo, lapidando, injuriando, matando, calumniando, sin que ello les suponga más castigo que la aplicación de una ley que la mayoría de las veces no se aplica por aleatoria, por subjetiva, por convenida a lo político o lo económico. Preñada hasta las trancas de vacíos, de agujeros negros que se tragan a los más débiles, a los más incultos, a los más nobles, curiosamente a los más justos; los desheredados de siempre.

Este mundo, evidentemente, sin ningún tipo de dudas, debería ser del diablo, pero no lo es. Ahora es de todos aquellos malnacidos que no sabiéndose dios, intentan serlo por encima de todo. Ellos le han ganado, por goleada, la partida al Ángel Caído. A su lado esta figura simbólica se asemeja al pobre Shin chan. Seguramente él, Luzbel, sería más benévolo, más “empático”, más justo. Pero aquellos que fueron enviados después que él a este infierno que llamamos vida, le comieron las entrañas. Son los que hablan siempre por encima de los demás, que imponen sus leyes, sus creencias, sus dioses, sus mentiras como verdades. Aquellos que amparados por la ley, por el olvido, por el cansancio, por el dolor, masacran de mil formas y maneras a los hombres y mujeres de justicia, de una justicia y una libertad que cada día está más desvirtuada, que cada día, es más vacua, miserable y aleatoria. Son aquellos que creen que nadie, nunca, será capaz de decir: ¡basta!, que nadie tendrá arrestos para, como ellos han tenido, “vender su alma al diablo”. Sin embargo, la historia, algunas veces, suele repetirse sin tener en cuenta a dioses o diablos y te sorprende con un jaque mate inesperado. Es entonces cuando el dios se convierte en diablo y el diablo en Dios, como, posiblemente, sucedió en El Comienzo, como sucede, demasiadas veces, en la actualidad.

Quizá, vender el alma al diablo no sea lo que nos han contado. Tal vez, Dios, no sea tan dios, ni el diablo tan diablo. A veces, para defender tus derechos, es lícito pactar con el diablo ya que Dios, curiosamente, suele desentenderse de los que debería proteger. Tal vez sea porque le recuerdan a un justo y reivindicativo Luzbel. Tal vez.
© Antonia J Corrales




3 comentarios:

adriana stein dijo...

cada día me convenzo más de que en otra vida fuimos hermanas. gemelas, por lo menos!!!! escucho la voz de tus ángeles y me parece escuchar mis propios temas, sólo que a mi me gusta llamarlo lucifer. las dos estamos metidas en el mismo ménage à trois con dios y el diablo!!!! las dos tenemos con ellos las mismas discusiones domésticas!
me acuerdo mucho de tí, un besote

Antonia J. Corrales dijo...

Pues sí, por lo menos hermanas gemelas. yo también lo pienso muchas veces. Te pongo un emilito al facebook
Se te quiere

Juanma dijo...

Qué entrada tan rotunda, mi querida Antonia, contundente y sin contemplaciones.

¿¿¿Y cómo estás, Antoñísima mía??? Qué descastados nos hemos puesto los dos, ¿todo bien? ¿todo liado? Cuéntame, por favor.

Y un montón de besos.