España: charanga, pandereta y muy mala leche, sobre todo eso, lo último


Hace tiempo que debería haber escrito una entrada en mi blog, mucho tiempo, pero el trabajo me satura, tengo demasiado. Hoy lo hago, desgraciadamente, con el fin de hablar de ellos, los de la puñalada  trapera, los de la envidia y la desvergüenza, aquellos que no soportan el éxito ajeno, o simplemente que uno se defienda sin problemas en su medio.
Mientras muchos dedicamos la mayor parte del día a trabajar sin receso, de ahí que nuestro trabajo funcione, otros se dedican a lamentarse sin muro donde dejar sus lamentos, a buscar la manera de hacer que sus frustraciones no les sean tan dañinas haciendo daño a los demás, a los que ellos envidian porque tienen lo que ellos no han conseguido. Apuñalan por la espalda y con el rostro oculto, como los asesinos.

Llegar a donde sea, en este país nuestro, es un delito, no se perdona, no se lleva bien. Si alguien despunta hay que ir a por él, hay que destruirlo.  Si además se lo ha currado solo, y ha empezado desde abajo, más, a ese hay que quemarlo en la hoguera, ya mismo.
En los últimas semanas me ha pasado de todo. Han intentado fastidiarme de todas las formas posibles, incluso se han hecho pasar por un lector para luego denunciarme en el faceboock . Ya había escuchado narrar a más de un compañero de profesión muchas anécdotas sobre ello, todas muy desagradables, ahora me está pasando a mí. Reconozco que me había sucedido antes, pero no en esta medida. Debo suscitar muchas envidias, demasiadas para que alguien esté pergeñando diariamente como fastidiarme, como quitarme de en medio. Incluso vetarme las redes sociales, es increíble! 
He llegado donde estoy sin más ayuda que el resultado de mi trabajo. Desde el comienzo fue así, no solo en mi faceta de escritora, también en la otra rama profesional a la que dediqué muchos años de mi vida.  Jamás hice la vida imposible a nadie, jamás intenté destruir el trabajo ajeno y si he podido ayudar a alguien siempre lo he hecho. Y seguiré haciéndolo. Estoy donde estoy por méritos propios. Mi trabajo es bueno, siempre lo ha sido y seguirá siéndolo, le pese a quién le pese y mucho me temo que le va a pesar en exceso y durante mucho tiempo, porque por encima de todo está creer en uno mismo y eso es algo que yo he hecho desde el principio y que moriré haciendo.
A ellos va dedicado este grito de guerra: Salve, Cesar, los que van a morir te saludan.
Antonia J Corrales

8 comentarios:

Jana dijo...

Se puede decir más alto, pero no más claro. Yo siempre les he llamado "las ratillas de la red" porque aprovechan un medio como este para ocultar su desvergúenza, malas intenciones y mala baba. Lo que no saben, es que internet es muy pequeño aunque parezca que no, todo se termina sabiendo y que el rastro que se deja es muy fácil de seguir. No te preocupes cariñito, más sufren ellos con su envidia desmedida, que cansino debe ser estar siempre envidiando el bien ajeno. Un besazo.

JESÉ dijo...

Mucho ánimo, compañera. A esos ni caso.

Gemma Nieto dijo...

ánimo Antonia, tú tienes fuerza de sobra para esto y para mucho más. Y, si se te acaban, ya sabes dónde encontrar a tus amigos. Y yo, afortunadamente, me incluyo entre ellos. Un beso muy fuerte.

Javi Picos dijo...

Antonia, todos los que te conocemos y leemos saben que detrás de cada línea que escribes hay una mujer íntegra en su ética y profesionalidad. Aparte, eres un amor.

Antonia J. Corrales dijo...

Gracias a todos. He estado muy liada. Vuestro apoyo es importante, mucho. Se os quiere!
JESE, gracias por pasarte por aquí.

Josep B dijo...

Después de leer tu libro te he buscado en la red, te he enviado una solicitud de amistad en Facebook y finalmente he leído esta entrada en tu blog.
No dejará nunca de sorprenderme como se pueden llenar las propias miserias con el "placer" del tormento y la persecución.
Son seres que habitan en la nada. En esas almas: nada.
Que contradicciones, Antonia. Al llegar a la última página de tu libro mi alma se llenaba. Leer un libro, sentir y ahora, sentirte cerca.
Felicidades y gracias,
Josep Brunet Insensé

Josep B dijo...

Después de leer tu libro te he buscado en la red, te he enviado una solicitud de amistad en Facebook y finalmente he leído esta entrada en tu blog.
No dejará nunca de sorprenderme como se pueden llenar las propias miserias con el "placer" del tormento y la persecución.
Son seres que habitan en la nada. En esas almas: nada.
Que contradicciones, Antonia. Al llegar a la última página de tu libro mi alma se llenaba. Leer un libro, sentir y ahora, sentirte cerca.
Felicidades y gracias,
Josep Brunet Insensé

Carlos dijo...

Por suerte quedan voces libres como la tuya que hacen frente a rancias herencias del pasado que dañan este país.

Animo!!


Pugliessino