Que sí mamá, que no lo vuelvo a hacer más

Nunca se me ocurrió creerme aquello de que los rojos tenían cuernos y rabo, pero debo confesar que no me lo creí porque mi padre era uno de ellos y tuve la certeza muy cerca de mí, era, sin lugar a dudas, una niña aventajada, conocía a uno de esos rojos. Un rojo que lo peor que había hecho en su vida había sido robar unas cazuelas de aceite para que sus hermanos y su madre pudieran comer. Pero casi la totalidad de mis compañeras de clase lo creía a ciencia cierta, creían que los rojos eran demonios, como muchos ciudadanos de hoy se creen las promesas electorales. Digo yo que a los hijos de los políticos les pasará lo que me sucedía a mí en aquel entonces. Ellos deben enterarse de las mentiras antes de que éstas salgan a la luz, ¿o no?
Mi profesora de historia se empeñaba en trazar flechas rojas que venían desde la Unión soviética hasta la piel de toro, amenazantes, yo seguía sin creerme nada de aquellas peroratas. Eso sí, la imagen se me quedó grabada, debo confesar que gracias a ello, sé donde exactamente se encuentra la URSS, y mira que se me da mal la geografía. En aquellos días hice de todo un poco, dibujaba extremadamente bien, pero tenía el problema de los imperativos legales, algo que entonces estaba muy de moda, pero que a mí no me venía nada bien porque nunca fui una chica yeye. Había que seguir unas reglas en el dibujo, y yo seguir nunca he seguido a nada ni a nadie. Bueno, al autobús sí. Ah¡ y a las ofertas, a ésas no las sigo, las persigo. Pues bien, me pedían un caballo y yo dibujaba una tortuga, me pedían un paisaje y yo dibujaba un puchero... Lo mismo me sucedió con el famoso Domun, me dijeron que era obligatorio y yo escribí un anónimo reivindicativo sobre la libertad del postulante. Ahí fue cuando me convertí en revolucionaria. Me expulsaron, me sancionaron y recé no sé cuantos avemarías y padrenuestros. De ahí creo que viene mi fijación con meter a algún clérigo en mis novelas... pero no es una venganza, es sólo una fijación. Una pequeña tara eclesiástica. ¿O no? Lo de la literatura todavía tuvo que esperar ya que después de lo del Domun, hice una colaboración en el periódico del colegio que casi me lleva ante los tribunales de justicia. Santa Teresa de Jesús fue, según el claustro eclesiástico, la damnificada. Ella era una monja muy seria y a mí me dio por contar su biografía en tono de humor. Las consecuencias fueron ... ¡¡¡ Fueron!!!! Pues casi como cuando te piden un texto de encargo y tu lo haces "sin encargar", a tu bola. Vamos, más o menos como le sucedió a Da vinci con la virgen de las rocas.
© Antonia J Corrales

2 comentarios:

Juanma dijo...

Si es que no tienes remedio, así no haremos nunca carrera de tí...
Ponte a escribir, anda, a ver si por lo menos eres capaz de hacer algo y te sale un libro donde vuelva a salir un clérigo a contracorriente, no sé, un tipo que termine dando voces en Londres y, cuando un viejo amigo lo reconozca, se haga el loco...o nos enfrente a los demás, frente a un espejo, con nuestra propia locura. Por ponerte un ejemplo.
Un beso.

Antonia J. Corrales dijo...

A los buenos días!!!
¿Quién le ha dicho a usted que no estoy escribiendo? No paro de hacerlo en todo el día. Ya te dije que soy "bipolar", o no te lo dije?. Mecachis!!! Leo dos y tres novelas a la vez, y mientras leo escucho la radio, atiendo a mis niñas, mando callar al perro, cojo el teléfono, y pienso en lo que voy a guisar para la comida, para la cena, controlo la despensa a distancia, el ropero, la lavadora, la plancha y a los cenutrios que me encuentro al volante todos los días. Ya sabes, una es mujer, y las mujeres somos bipolares y “tripolares”. Es lo que hay.
jejejeje.
Besitos,
Antonia J Corrales