RESEÑA LA MIRADA DE UNA BRUJA


Por Ana G. Aranda
“La mirada de una bruja” es la segunda parte de la trilogía “Historia de una bruja contemporánea” de Antonia J Corrales.

Diana, tras el salto temporal, intenta seguir adelante con la esperanza de recuperar todo lo que ha perdido: la gaveta, el pentagrama, el evangelio de las brujas y por encima de todo, la amistad de Elda, Ecles y Desmond, sus vecinos. Oculta su identidad para protegerse de los que quieren conseguir el evangelio a cualquier precio y también para guardarse de aquellos que no creen en la magia. Deberá ser especialmente cuidadosa porque cualquier cambio en el tiempo en el que vive puede afectar al futuro al que quiere regresar.
En esta segunda parte, Antonia nos vuelve a sumergir en un mundo lleno de magia en el que es difícil distinguir las verdaderas intenciones de quienes se cruzan en el camino de nuestra bruja sin escoba. Todos sabemos que los lobos se ocultan bajo pieles de cordero.
Me ha gustado mucho el cambio en la actitud de Diana. Consigue dejar a un lado su dolor y sus miedos para intentar averiguar de una vez por todas quién es y conseguir llegar a ser la bruja que toda su vida ha intuido que es. Para ello deberá renunciar a sincerarse con la gente que más quiere.
Como una gran ilusionista, la autora nos permite vislumbrar una nueva parte de las piezas que componen este mágico puzle pero nos deja con la miel en los labios y deseando que el tiempo vuele y podamos tener en nuestras manos la tercera parte y así conocer el final de una de las novelas de fantasía más bonitas que he leído este año.

Si algo me gusta de los libros de Antonia es la sensación de felicidad que te embarga al terminarlos. Y esta vez, no ha sido una excepción.









DIARIO DE UNA ESCRITORA XII


    Me tomé un tiempo de más. Son esos momentos, horas o días que necesitas para retomar lo cotidiano. Este año, ese espacio sin redes, en la soledad compartida con los míos, a los que tanto amo, ha sido un poco más largo. Estoy perezosa, algo lenta porque me detengo en cualquier cosa y esa pausa que marca mis pasos me gusta. Habito un espacio en el que las horas no las marca el reloj, ni tan siquiera la caída del sol en estos atardeceres de invierno tan prematuros como fríos.
    Revivo recuerdos y con ellos, de su mando, vuelvo sobre las calles de Sevilla, esas que habité el último día de 2018 y el primero de este 2019 y sonrió pensando en la magia que cubrió este final de año; tan deseado. 

    Miro la agenda, el correo electrónico, la carpeta de los contratos editoriales y sonrío. Pronto habrá novedades que compartir, proyectos ya cerrados con los que comenzar un nuevo año, impar, de los que a mí me gustan.
Recojo los sentimientos de un puñado de correos electrónicos, las palabras que los impregnan de magia, que los llenan con parte de las vidas de mis lectoras y lectores. Sonrío, sí, sonrío al comprobar la exquisita percepción que tienen para entresacar de mis novelas hasta el último interlineado de las historias. Como las habitan hasta hacerlas suyas.
    Ando ahí, con la mirada puesta en el brillo de una lejana estrella, ensimismada en su contemplación. Soy, como mis lectoras y lectores, de otra especie, de otro mundo, de otro lugar. Allí, las palabras son polvo de hadas. Allí, cualquier sueño puede convertirse en realidad.